EL DIARIO DIGITAL DE LOS ALBARDONEROS

Siete años sin Brenda Requena: el dolor de una madre que nunca encontró consuelo

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El calendario marca un nuevo aniversario, pero para Laura Requena el tiempo parece haberse detenido. Este 11 de julio se cumplen siete años del femicidio de su hija, Brenda Requena, asesinada en Albardón a los 24 años por quien era su esposo, Diego Álvarez. Desde entonces, la familia aprendió a convivir con una ausencia que jamás logró llenar.

En su casa, Brenda continúa formando parte de la vida cotidiana. Su imagen permanece en fotografías distribuidas por distintos ambientes y hasta en la pantalla del teléfono celular de su mamá, que desde hace siete años se niega a cambiar esa foto porque siente que la acompaña todos los días.

Laura asegura que no existe una jornada en la que su hija no aparezca en una conversación familiar. Un recuerdo, una anécdota o simplemente una frase alcanzan para volver a nombrarla y sentir que sigue presente entre ellos.

Pero además del inmenso dolor, la mujer debió afrontar otro desafío: convertirse en el principal sostén de los dos hijos que Brenda dejó. Los niños, que eran muy pequeños cuando ocurrió el crimen, hoy transitan la adolescencia bajo el cuidado de su abuela.

Aunque asumió esa responsabilidad con amor, reconoce que nunca intentó reemplazar el lugar de su hija.

«Soy la abuela y ese es el lugar que quiero ocupar», expresó.

Los adolescentes mantienen un vínculo con la familia paterna y periódicamente visitan a la madre del femicida, una situación que Laura acompaña con respeto, entendiendo que también forma parte de la historia de los chicos.

La preocupación que nunca desaparece

A pesar de que Diego Álvarez cumple una condena por el femicidio, Laura admite que vive pendiente de cualquier novedad relacionada con la situación judicial del condenado.

Cada vez que escucha un rumor sobre un posible beneficio o una modificación en su régimen de detención, acude personalmente a Tribunales para consultar con las autoridades y despejar cualquier duda.

Explica que necesita saber qué ocurre y seguir de cerca cada movimiento porque el miedo nunca desapareció.

«Voy las veces que haga falta hasta que alguien me reciba», contó.

Su mayor deseo es que la condena se cumpla en su totalidad y que el responsable del asesinato de Brenda no vuelva a recuperar la libertad.

Una herida que vuelve a abrirse

Cada nuevo femicidio que ocurre en el país revive los peores recuerdos de aquella tragedia.

Laura relató que recientemente volvió a conmoverse al conocer otro caso de violencia extrema contra una mujer y reconoció que inevitablemente se pone en el lugar de las familias que atraviesan ese mismo sufrimiento.

Sostiene que solo una madre que perdió a una hija de esa manera puede comprender el vacío que deja un crimen de estas características y la lucha diaria que implica seguir adelante.

También confesó que hablar públicamente de Brenda se convirtió en una forma de aliviar, aunque sea por un momento, el peso que carga desde hace siete años.

Frente a sus nietos intenta mostrarse fuerte, pero reconoce que muchas veces necesita llorar en silencio para no transmitirles el dolor con el que convive desde aquel julio de 2019.

Un recuerdo que permanece intacto

Como sucede cada año, la familia volverá a reunirse en el cementerio para homenajear a Brenda.

Llevarán flores, renovarán las fotografías que el paso del tiempo deteriora y compartirán un momento de recogimiento junto a su tumba, acompañados por los hijos de la joven, quienes mantienen vivo el vínculo con su mamá a través de los relatos y recuerdos de toda la familia.

Siete años después del crimen que conmocionó a San Juan, Laura sigue sosteniendo la misma convicción: que la memoria de Brenda permanezca viva y que ninguna familia vuelva a atravesar una tragedia similar.

Fotos y fuente: Diario La Provincia SJ / Maximiliano Huyema

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