EL DIARIO DIGITAL DE LOS ALBARDONEROS

Multitudinaria despedida al Indio Solari en Plaza de Mayo: emoción, canciones y un pogo que hizo historia

Miles de fanáticos se reunieron de manera espontánea en el corazón de Buenos Aires para rendir homenaje al legendario líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Entre lágrimas, abrazos y clásicos inolvidables, la plaza se convirtió en un enorme ritual colectivo de despedida.

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La Plaza de Mayo volvió a convertirse en escenario de un acontecimiento histórico. Esta vez no fue una movilización política ni una celebración oficial, sino la despedida popular a Carlos «Indio» Solari, una de las figuras más influyentes del rock argentino, cuya muerte generó una profunda conmoción en varias generaciones de seguidores.

Desde las primeras horas de la tarde comenzaron a llegar fanáticos de todas las edades. Algunos viajaron desde distintos puntos del conurbano bonaerense, otros abandonaron sus rutinas laborales o escolares para ser parte de una ceremonia espontánea que no tuvo organizadores visibles, pero sí un protagonista indiscutido: la música del Indio.

La plaza se llenó de remeras de Los Redondos, banderas, dibujos, fotografías y recuerdos personales. Entre los asistentes había adolescentes que heredaron las canciones de sus padres, jubilados que siguieron a la banda desde sus inicios y familias enteras que encontraron en la obra de Solari una banda sonora para sus vidas.

Mientras los parlantes reproducían clásicos como «Jijiji», «Un ángel para tu soledad», «La bestia pop» y «Todo preso es político», cientos de personas cantaban al unísono, se abrazaban y compartían anécdotas. Hubo lágrimas, brindis improvisados, pogo y también momentos de silencio cargados de emoción.

Uno de los testimonios más conmovedores fue el de Claudio, un repartidor de 54 años que interrumpió su jornada laboral para acercarse a la plaza. Tras participar del pogo de «Jijiji», resumió el sentimiento generalizado: «Hoy se murió el poeta de mi vida».

La despedida también dejó escenas cargadas de simbolismo. Un artista dibujó con tiza el rostro del músico sobre el suelo y escribió una frase que sintetizaba el clima de la jornada: «Donde hay dolor, habrá canciones». A su alrededor, miles de personas encontraron refugio en las letras que marcaron décadas de la cultura popular argentina.

A medida que avanzaba la tarde, seguían llegando fanáticos desde estaciones de tren, paradas de colectivo y oficinas del centro porteño. La Plaza de Mayo se transformó así en un inmenso homenaje colectivo, donde la tristeza por la partida del Indio Solari convivió con la celebración de un legado artístico que continúa más vivo que nunca.

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