Alerta hídrica en San Juan: el campo consumió más agua que la que aportó el río y se usaron reservas de los diques
Con un derrame crítico, el Gobierno confirmó que todo el caudal del Río San Juan fue destinado al riego y se reforzó con 103 Hm³ de los diques
La crisis hídrica en San Juan vuelve a encender el debate entre productores y autoridades. En medio de reclamos por mayores volúmenes para sostener la actividad agrícola, los datos oficiales indican que en lo que va de la temporada toda el agua aportada por el Río San Juan fue destinada al agro, e incluso se distribuyó un volumen superior al ingresado al sistema, gracias al uso de reservas estratégicas acumuladas en los diques.
Entre octubre y febrero, el derrame del río alcanzó apenas 308 hectómetros cúbicos (Hm³), un registro considerado crítico. En febrero, el caudal descendió hasta los 20 metros cúbicos por segundo, con un promedio de 25 m³/s. Sin embargo, en ese mismo período se distribuyeron 431 Hm³ para consumo total: 20 Hm³ para abastecimiento humano y 411 Hm³ para riego agrícola.
La diferencia —103 Hm³ más de lo que aportó el río— fue cubierta con reservas acumuladas durante la temporada anterior, cuando el derrame alcanzó un excepcional volumen de 1.247 Hm³, lo que permitió recomponer niveles en los embalses.
El límite de seguridad de los diques
El sistema integrado por los diques Dique Los Caracoles, Dique Punta Negra y Dique Ullum cuenta actualmente con un límite de seguridad conjunto de 579,2 Hm³. Según datos oficiales, esas reservas se distribuyen en 237,1 Hm³ en Los Caracoles, 191,58 Hm³ en Punta Negra y 150,5 Hm³ en Ullum.
Desde el Gobierno advierten que no es posible perforar esas cotas sin comprometer la seguridad estructural de las presas. La utilización de descargadores de fondo —una práctica aplicada en años anteriores— podría generar embanques por acumulación de sedimentos, afectar compuertas y poner en riesgo infraestructuras estratégicas.
Además, por debajo de ciertos niveles el agua incrementa su turbidez, lo que complica los procesos de potabilización y acelera el embanque de canales de riego.
Proyecciones ajustadas y reclamos del agro
El pronóstico para el año hidrológico 2025/2026 estima un aporte máximo de 847 Hm³. Si se descuentan aproximadamente 100 Hm³ por evaporación y 120 Hm³ destinados al consumo humano anual, quedarían disponibles 627 Hm³ para el sector agrícola.
La cifra está por debajo de los 700 Hm³ que reclaman productores, principalmente viñateros, lo que intensificó el debate sobre el cronograma de distribución hasta septiembre. El esquema previsto contempla 158 días de corta y 56 días con suministro en los próximos siete meses, acumulando 175 días sin riego en el año hídrico, situación que generó fuertes cuestionamientos y motivó una reunión clave este lunes 2 de marzo.
Eficiencia bajo la lupa
Otro eje central de la discusión es la eficiencia en el uso del recurso. Datos técnicos indican que entre el 75% y el 80% de los viñateros continúa utilizando riego a manto, con una eficiencia que no supera el 40%. En contraste, sectores como el olivícola, el pistachero y el tomate industrial avanzaron hacia sistemas presurizados o inteligentes, alcanzando eficiencias de entre el 80% y el 90%.
En ámbitos técnicos surge una pregunta inevitable: si hoy se consumen reservas estratégicas para sostener modelos de baja eficiencia, ¿qué margen quedará si el próximo año el derrame resulta aún menor? ¿Podría verse comprometido el abastecimiento humano?
Administrar la escasez
Los números reflejan una realidad contundente: el agua que trajo el río fue íntegramente al agro y, además, se reforzó con reservas acumuladas. Pero el margen operativo se reduce cada temporada.
En una provincia oasis como San Juan, donde el desarrollo productivo depende del riego, el desafío ya no parece centrarse solo en cuánto distribuir, sino en cómo optimizar el uso del recurso. En un contexto de crisis hídrica estructural, la eficiencia dejó de ser una alternativa para convertirse en una condición indispensable de sostenibilidad.
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